Es mejor que guarde mi diario debajo de la almohada,
y olvidar el daño que me has hecho sin darte apenas cuenta..
Ahora sueño despierta y me dejo llevar..
-Savia-
Es mejor que guarde mi diario debajo de la almohada,
y olvidar el daño que me has hecho sin darte apenas cuenta..
Ahora sueño despierta y me dejo llevar..
-Savia-
Buscando silencio por los rincones, encuentro lluvia golpeando contra mi ventana esta noche.
Todo es oscuridad alrededor…penumbra rota por el tenue resplandor de alguna vela medio consumida por una breve y moribunda llama; o el resplandor de uno o dos esporádicos relámpagos nacidos de la tormenta.
Gotas que cantan con voz de brisa en el alféizar y rumor de llanto en el aire.
¿Quién llora? Me pregunto en silencio. Nadie responde… era de esperar… pero yo lo siento. La congoja vibra por todas las esquinas de este antro de soledad. Casi puedo palparlo si extiendo las manos. Silenciosa a veces, susurrante durante breves instantes, incluso escandalosa por momentos.
Ronronea en mis oídos contrastando con el susurrante delirio de la lluvia ahí fuera.
Un rayo golpea furioso el suelo frente a mi ventana y contemplo extasiada la terrible y asombrosa mano de la naturaleza cayendo soberbia sobre el negro manto de tierra húmeda ahí fuera; implacable, imparable… regio.
Aquí dentro las sombras bailan tangos con la oscuridad entre las suaves luces de los candelabros; y frente a la chimenea dos ascuas que supuran sabiduría eterna me observan en silencio.
Por momentos creo que va a dirigirme una palabra, un susurro insignificante, pero no.. hoy tampoco me habla. Lógico…los gatos no hablan, y Morpheus no es una excepción aún a pesar de aparentar lo contrario en ocasiones.
He perdido el hilo de mis pensamientos, y aquí toda va muriendo en soledad. Las febriles llamas del candelabro exhalan un último y agónico hálito de vida, para morir en el silencio y alimentar levemente la penumbra que hoy acuna mi melancolía.
Siento que te echo de menos, pero hoy estás tan lejos de mi, que siento que muero cada minuto que te añoro. Cada fibra de mi cuerpo, cada pequeña parte de mi ser brama en este silencio por tu presencia. Y tú no estás aquí para arroparme y paliar este frío que me nace dentro.
Los sollozos aún susurran a mi alrededor.. ¿quién llora? Sigo preguntándome en medio de mi soledad.
La lluvia canta y susurra contra mi ventana. No…no es el agua.
Morpheus dormita…los gatos no sollozan.
¿entonces quién? Quizá sea sólo mi triste imaginación que proyecta ecos que, incapaces de fluir por mi garganta muda de soledad; o mis ojos secos de tristeza, baila en el aire a mi alrededor.
Un leve beso salado roza mis labios. Suave muere en mi boca sólo para contarme… contarme que soy yo quien llora. Yo quien lleva una eternidad sollozando y ni siquiera se había percatado.
Que es mi propia persona la que susurra tristemente y en silencio…
Controversias…
Sólo sé que te echo de menos.
Y a pesar de todo ahora empiezo a ver,
que este cielo es más azul
desde que no estás tú
[Elen síla lúmenn´omentielvo]
Tanto lastre que soltar, y que lejos la orilla..
Te olvidaste de respirar, por dar aire a mi vida..
Ahora me esperan ciudades que nunca vi, y descubriré las leyendas de príncipes misteriosos y el son de la música inmortal.
Si, a la postre, siento por fin el amor, será en brazos de un vampiro ensoñado, embriagada por la musicalidad de un salón dorado, fuera de todo espanto.
Sumida en su calor, frío y seducción…
Y mi nombre será Favole.